Siempre he creido en Dios y, para mí, Él es lo más importante y "el tiempo de Dios es perfecto", por eso, todo tiene un principio y un fin. Ningún evento sucede por casualidad, ésta no existe, pero sí las causalidades, todo tiene una causa.
Cuando llegué a la Universidad no pensé en quedarme tanto tiempo, no tenía grandes expectativas, tal vez creí que serían asignaturas corrientes, con alumnos normales; pero me llevé una gran sorpresa. Primero en Naguanagua, en Ingeniería donde desde el CIU pude constatar el calibre, el temple y el tesón de los muchachitos que tuve como alumnos. Muchachitos por la edad, pero gigantes en valores, con una constancia a toda prueba; muchachitos decididos a lograr sus objetivos, luchadores y tenaces como los mejores; de ellos aprendí que la constancia es sinónimo de creatividad, de intuición y de ganas de triunfar.
Posteriormente, en Guacara, también con Ingeniería me percaté de la falacia de que "el venezolano es flojo". No puede ser que alguien despierte a las cuatro de la mañana para prepararse e ir a cumplir con sus actividades laborales, entregue sus asignaciones académicas con puntualidad, regrese al hogar después de asistir a una universidad y encima sea llamado flojo. Estoy convencida que quienes trabajan y estudian son estudiantes excelentes porque se pone de manifiesto la responsabilidad en ambas áreas, se combinan el esfuerzo y los deseos de obtener una profesión que les permita mejorar su calidad de vida y lograr la satisfacción del deber cumplido.
Luego, Educación Integral; allí la sospresa fue doble porque encontré madres e hijos estudiantes, dedicados por entero a lograr cada uno sus metas, de obtener una profesión que no es nada lucrativa en el aspecto económico, pero que enriquece espiritualmente y da la convicción de que esa profesión es la mejor y realmente, sí lo es porque cada niño, joven o adulto que pasa por tus manos es un libro que te enseña; es una nota musical que te hace vibrar de emoción cuando constatas la profundidad del saber ajeno, cuando verificas que la semilla lanzada a la orilla del camino se convirtió en una hermosa planta que da flores y frutos y para mí, como docente, es gratificante encontrar personas tan dedicadas a sus propósitos, gente definida, con una clara posición ante la vida y oír palabras como "Profesora, estoy feliz, no me equivoqué, quiero ser docente, transmitir mis conocimientos y amar a los niños que me toquen"; "Profe, ser maestra es lo máximo, ahora estoy segura de mi vocación", "si usted hubiese visto las caras de los niños cuando lograban hacer la actividad" y así, cada quien al narrar sus experiencias demostró el entusiasmo y la vocación de servir. Eso es importante y habla de la calidad humana de los estudiantes unefistas; por ello, aprovecho la ocasión para manifestarles lo orgullosa que me siento por haberlos conocido, por haber experimentado la emoción de ustedes al cumplir un fin, al culminar un término u obtener una buena nota. Cómo no recordar a personas como Mónica B., Jhosmarelis, Mónica S., Mayela, Achucita, Ivonne, Oswaldo, Richard, Pedro F., Marlene A., Luis A., Yasneidy, Taís, Vanessa, Emely D., Mignamig, María, Ruvianna, Karla, Yeigle, Adriana, Egleé, Jenny S., Geraldine, Elizabeth, Aurimar, Tatiana C., María Teresa, Carmen V., Fabiana R., Liliana H., Yohana V., Johana M., Yepcy P., y pido disculpas por no nombrar a cada uno de mis alumnos y alumnas quienes dieron lo mejor de sí para obtener sus notas.
A todos ellos mi más sincero reconocimiento por el esfuerzo, la dedicación, el esmero y la responsabilidad con la cual asumen sus actividades. Un abrazo para todos y sigan adelante. No se detengan, el mundo es de las personas compromotidas con ellas mismas, con su familia y con el país que los vio nacer. Ustedes son triunfadores y sólo anhelo verlos convertidos en excelentes profesionales, llevando a la práctica todo cuanto hayan construido. Gracias por todo, mis amados muchachos y muchachas. Los quiero mucho. CJHdeA. ![]()
